Angustia por clóset. ¿Qué dicen las mujeres lesbianas y los varones gay? ¿Qué esconden sus silencios y qué manifiestan sus cuerpos?

Por: lic. Alejandro Viedma*

Publicado el 05 de febrero de 2010 en la revista virtual para la diversidad sexual y de género de Hispanoamérica Knot, Anudando las diferencias, número 5.

“El cuerpo para el psicoanálisis es algo a construir por
identificación con un Otro, identificación fundante, primaria
para Freud, que luego Lacan retoma en su conceptualización
del estadío del espejo. Es, además, un territorio erógeno, una
superficie de otro orden de lo netamente biológico, orgánico.
Como a los humanos el lenguaje nos precede, el cuerpo es significante.
Es un lugar que aloja y manifiesta, expresa síntomas
cuando no hay tramitación vía palabra”. Alejandro Viedma.

Introducción

En este escrito intentaré recorrer algunos de los puntos que estoy empezando a ordenar, ciertas cuestiones sobre las especificidades en la clínica con lesbianas y gays, es decir, qué particularidades son repetitivas en los discursos e historias de vidas de estos sujetos, repeticiones que pueden aflorar a causa del malestar de nuestra cultura contemporánea, a pesar de que desde la clínica psicoanalítica siempre apuntamos al caso por caso, a las dificultades singulares que se nos presentan a los terapeutas en cada demanda de análisis.

A modo de adelanto, comparto con los lectores que lo primero encontrado en todos los relatos de estos pacientes fue: la recepción (de la transmisión), la internalización y la reproducción del mandato “no se lo digas a nadie” (mandato/consigna que lesbianas y gays en los últimos tiempos desafían y traspasan), por lo cual los que rodean a estas personas se dividen en dos grandes subgrupos, en dos campos distintos que abarcan “los que saben” y “los que no saben” de su orientación sexual y expresión de género.

La tríada circulación-interiorización-reproducción del imperativo de ocultar la “elección” de objeto homosexual desencadena acciones que empujan al sujeto gay o a la sujeto lesbiana a “enclosetarse”, a armar su propio ropero y meterse en el mismo, transformándose ese hecho en procesos singulares que arrojan semejanzas pero también, por la variable de género atravesando, diferencias entre lesbianas y gays[i].

Lo inagotable del coming out of the closet

El coming out of the closet (expresión inglesa que designa el acto de una persona homosexual de revelar la orientación sexual a las personas cercanas) es un proceso, indicado en el uso del gerundio del verbo “saliendo”. Es proceso porque la salida del armario no es de una vez y para siempre.

Como todo proceso abarca etapas en su recorrido, ya que para salir del placard son precisos varios pasos previos y los primeros justamente guiaron al sujeto a ingresar en ese espacio imaginario.

El que está dentro del clóset es una persona que tuvo la necesidad de tapizarse, de cubrirse, de revocarse, de auto exiliarse, de aislarse al modo de llevar consigo un walkman (¡qué antiguo soy!) gigante cuyos auriculares abrigan todo su cuerpo y su interior, y lo defienden de ciertos ataques externos.

¿Cuál es el principio del principio, el comienzo de este proceso de empezar a almacenar, a guardar cosas en la alacena, en los aparadores? Es un acto solitario, acto amoroso por no deshonrar al otro, por sentir un deshonor si se lo “traicionara”.

Así, empieza un dilema entre las propias lealtades y las posibles traiciones propinadas al otro. De hecho, si tenemos en cuenta que el término en inglés para nombrar a una persona heterosexual es straight, el cual significa transparente, recto, leal, honesto, ¿sería el gay tapado un individuo desleal, deshonesto, quien esconde algo? Se instala la duda entre hacerle caso a la legitimidad de la propia verdad que lo viste como íntegro o el fraude hacia los demás. El sujeto empieza a mentir y luego a enredarse con esos inventos por miedo a que lo salpiquen insultos o por las fantasías que surgen del temor a aterrorizar a la horda que lo rodea, a posicionarla en el lugar de víctima.

Relacionando lo precedente con ciertos párrafos de Pierre Rey, que volcó en su gran novela Una temporada con Lacan, transcribo: “Un mentiroso dice: “Miento.”
Al decir “miento” dice la verdad.

Y si la dice ya no miente. En estas condiciones sigue mintiendo, pero si miente es porque dice la verdad confesando ser un mentiroso.

Por consiguiente, diciendo la verdad cuando reconoce mentir, vuelve a ser mentiroso al asegurar que miente.

Conclusión: se puede mentir porque se dice la verdad, y a la inversa, decir la verdad cuando se miente”[ii].

“… toda mentira no es más que el punto focal del lugar donde la verdad se manifiesta…”[iii].

Entonces, se comienza a construir un mundo propio dentro de una burbuja, que más que tener la capacidad de disolverse fácil y rápidamente, va transformándose en una armadura que hasta puede llegar a oxidarse con el paso del tiempo, a fusionarse con otros aspectos de la subjetividad y así producir efectos malignos, dañinos intra muros.

Efectos subjetivos del clóset, la angustia

Para cualquier persona, el estar en el clóset trae aparejado ciertas consecuencias. En algunas ocasiones se hacen presente síntomas por la homofobia (primero presente en todos los lazos afectivos y sociales y luego internalizada), síntomas que son modos de evitación de la “condición angustiante”, en términos freudianos.

Como señala Rey, “La creación nunca se debe a una felicidad. Es el resultado de una carencia. Es el contrapeso de una angustia (…)”[iv].

La angustia es un afecto siempre constatable en lesbianas y gays por los miedos (por ej., al rechazo) que experimentan dichos analizantes. Angustia que a veces se encuentra en un callejón sin salida porque el sujeto se enmaraña en silencios y ocultamientos laberínticos, a causa de la exposición impune de contenidos homofóbicos en las interacciones cotidianas, por ejemplo en las escuelas, los trabajos, los medios de comunicación, etc.

José Arturo Granados Cosme opina que “Hay evidencias empíricas acerca de mayores índices de intento de suicidio, angustia y depresión en los homosexuales, en comparación con la población heterosexual (Stronski y Remafedi, 1998). Con este conjunto de riesgos se configura un perfil de daños a la salud mental de los homosexuales que tiene en la homofobia su determinante cultural más profunda (…)[v]”.

Aquella burbuja que ha sido evanescente porque explotó al chocarse contra la primera pared heteronormativa, paradójicamente también fue deviniendo en callo en la estructura del sujeto que se enmascara, porque ese vivir en el placard actúa a modo de objeto contra fobígeno ante la angustia. Continúo con Rey:

“(…) el embrión de poder que yo ejercía era lo que me hacía adoptar la máscara que imaginaba era lo adecuado al ejercicio de ese poder: no dejar traslucir nada de las emociones, no exhibir los estados de ánimo, no decir nada para sentirse protegido del Otro por la desazón que en él, como un espejo opaco, provoca el silencio, no evocar nunca el objeto de nuestro deseo para conservar una posibilidad de que se cumpla, dar vuelta en torno a las cosas, disimular (…).

Utilizar los dos viejos escudos de la represión, el supuesto pudor, esa máscara que sella los labios ante las rebeliones y remite al torbellino de palabras que se pudren por no pronunciarse nunca, y la irrisión, flanqueada por los estereotipos que dependen de ella…[vi]”.

Para la sujeto lesbiana o el sujeto gay que está en el clóset, la angustia, al decir de Freud, tendría la función de señal de alarma por el peligro ante algo, peligro por una inminente pérdida de amor, por la posibilidad de desalojo, de exilio proveniente del Otro.

Jacques Lacan, en el seminario X, nos dice que la angustia emerge cuando aparece algo en ese lugar (en el espejo) donde no se debería ver, donde debería haber una opacidad, cuando se produce lo visible en un punto opaco. Otra definición de la angustia sería: lo que no tiene palabra.

El espacio imaginario luego deviene real. Ese objeto armario convivirá con la persona gay o lesbiana hasta que lo pueda “donar” a un otro, tiempo en el cual se perturba el silencio. Allí algo logra aflojarse, cuestión que puedo escuchar cada vez que un paciente viene a su terapia a hablar de lo que sintió después de contarle a alguien sobre su orientación sexual: alivio, por quitarse “un peso de encima”.

Abriendo las puertas

La salida del armario de una persona significa la revelación de su elección de objeto homosexual, o sea, el asumirse como lesbiana, gay, o como otra categoría estigmatizada (bisexual, transexual) frente a un círculo de otros cercanos.

De esta manera, el coming out of the closet es un hecho de lenguaje, hay algo que es necesario ser dicho, pero ¡ojo! El analista deberá tener en cuenta cómo está “armado” su paciente, cuál es su estructura clínica y cómo es su contexto (familiar, laboral, de redes, etc), de otro modo posiblemente esté cayendo, el profesional, en el error de empujar al analizante a un acting, por dirigir otro imperativo, opuesto al primero, y poco cuidadoso, que sería: “decilo”.

Me refiero además a que, como terapeuta, uno no se debe olvidar que cada proceso es singular, que cada individuo tiene su tiempo lógico y no sólo cronológico: “La palabra, como nos lo prueban los bebés octogenarios o los ancianos de veinte años con los que todos tratamos todos los días, nada tiene que ver con la edad, sino con la aptitud de un individuo que por fin se hace libre, autónomo en su pensamiento, es decir, sujeto de sí mismo, y no de las circunstancias exteriores de su trabajo, de un discurso o del dinero que recibe, para amar, decidir, asumir[vii]”.

Cito nuevamente: “Ahora bien, es un hecho que ninguna superación, ningún salto se produce sin el sufrimiento[viii]”. Esta oración puedo relacionarla con que lo que se diga en la salida del clóset no es sin costos (no obstante estar totalmente adentro de aquel acarrea más consecuencias negativas), y siempre es necesaria la elaboración del suceso en un tiempo posterior.

¿Se transfiere, en la salida del placard, la angustia al otro? El coming out de alguien produce en los demás angustia porque eso que debería haber permanecido velado (que el sujeto siga “tapado”, que no hable sobre su orientación homosexual) salió a la luz. Muchas veces para la familia o los amigos de una persona lesbiana o gay, la revelación de la homosexualidad de esta última es algo inesperado, se produce la angustia porque justamente para aquellos se trata de algo loco que irrumpe. Por tal motivo, en muchos de los seres cercanos a la lesbiana o al gay posteriormente opera la desmentida, el no querer saber nada de ello, a pesar de que ya se lo conoció.

Conclusión

Siempre habrá algo del orden de lo inabordable del todo en el proceso de la salida del ropero. Casi sin pausa, uno sale, entra otro. El hijo habla, el padre silencia. Los militantes gritan, la sociedad vocifera: “¿por qué no se lo guardan?, ¿qué necesidad tienen de contarlo?, ¡eso tiene que permanecer en su privacidad!”.

Y también, casi sin pausa, ciertos sujetos continúan cumpliendo el imperativo de mentir, de esconder, de silenciar, por lo cual sus cuerpos siguen sintomatizando. Porque lo que no pasa por la palabra, se aloja en el soma.

Por razones de género, al varón heterosexual se le permite manifestar su objeto de deseo, se lo autoriza a silbar a la dama que transita por la vereda y se lo habilita para que cuente sus amoríos con cuanta mujer respire, sea dicho hombre casado, soltero, viudo o divorciado.

Para la mujer lesbiana o el varón gay se alza una proscripción, la de la libertad de expresar un vínculo afectivo sexual con alguien de su mismo sexo o género, en el mejor de los casos, si es que previamente tal sujeto se autorizó a sí mismo para poder vivir ese, su amor.

Es por tal motivo que muchas veces el consultorio es el espacio exclusivo para que una relación homosexual pueda ser contada y actualizada. Como lugar complementario, un grupo de pares se transforma en un círculo ideal para que un ser pueda sentirse escuchado, comprendido y sostenido por otros semejantes que no apuntan a herir con juicios valorativos negativos, que no lo colocan como un blanco móvil para la violencia.

Espacios funcionales como grandes vestidores preparados para contener a los distintos placares para que puedan complementarse, descubrirse, identificarse, asumirse y respetarse. Eso que en la heterosexualidad se produce a la intemperie y con visibilidad sin velo, en la homosexualidad contemporánea sólo puede producirse en áreas protegidas, a resguardo, como un rito sagrado de adultos que se reconocen a sí mismos y a sus pares como iguales en lo diverso.
Lugares y redes para que el clóset deje de ser un síntoma en sí mismo, regiones preparadas para que los que hablen sean los propios protagonistas y no sus cuerpos productores de síntomas, somas verborrágicos de dolores.
Bibliografía:

*Freud, Sigmund, “Inhibición, síntoma y angustia”, en Obras completas, Vol. XX, impreso en los Talleres Gráficos Color Efe, Bs. As., 1996, Amorrortu editores.
* Granados Cosme, J.A., “Orden sexual y alteridad. La homofobia masculina en el espejo” en Nueva Antropología, Vol. XVIII Nº61, septiembre 2002.
*Lacan, Jacques, “La Angustia”, Seminario 10, 1962—1963, Versión íntegra.
*Rey, Pierre, “Una temporada con Lacan”, Cuarta edición (Argentina): agosto de 1997, Ed. Planeta.

Notas
[i] Una de esas diferencias la puede constituir el hecho de que una pareja lésbica pasa más desapercibida que otra conformada por dos varones, ya que entre chicas no está desaprobada la demostración de afecto en lugares públicos, no así entre varones, por lo que esas mujeres caminando de la mano pueden ser consideradas “mejores amigas”, sin levantar demasiada sospecha de una relación amorosa.
[ii] Rey, 1997: 139.
[iii] Ibidem.
[iv] Ibidem, p. 19.
[v] Granados Cosme, 2002: 95.
[vi] Rey, 1997: 132.
[vii] Ibidem, p. 181.
[viii] Ibidem, p. 92.

*Alejandro Viedma se desempeña como psicoanalista y coordinador de grupos de reflexión para varones gay en la institución porteña Puerta Abierta a la Diversidad, la cual forma parte de la Federación Arg. LGBT. Ha realizado diversos cursos de postgrados, entre los que se puede mencionar el de “La Orientación en la Dirección de la Cura: La Angustia entre Goce y Deseo”, en el htal. Ameghino. También ha disertado en varios congresos, simposios, foros y conferencias en Buenos Aires y en otras ciudades de Argentina. Escribe en diferentes portales online y medios de distintos países.

Puentes

Por Diego S.


Me llamo Diego y hace dos años y medio asisto a las reuniones de reflexión y encuentros de gente gay que coordina Alejandro Viedma. Soy otro desde que me acompañan pares con los cuales enhebramos un grupo de pertenencia; el que era pre juicioso de a poco fue modificando sus pensamientos estancos, empezó a informarse y a escuchar en lo diverso. El último día de 2009 volqué unas palabras en un archivo, después se lo mandé a Alejandro y le permití que lo suba a su blog ya que para mi es un honor que él lo comparta con sus visitantes. Ahí va…

Tengo ganas de escribirles en este tiempo, como un puente entre el año que termina y el que comienza, porque como siempre digo, el grupo es muy importante para mi.

Muchas veces doy vueltas sobre el mismo lugar, percibiendo un laberinto, mientras olfateo como un perrito buscando lo que quiero. Así dando vueltas y vueltas, abrí la puerta del grupo que quiero, el que cumple múltiples funciones, algunas de ellas son la de enganchar, anudar, enlazar, transformar ideas, desarmar mitos, dando lugar a más preguntas y nuevas respuestas. Pareciera un puente donde voy y vengo, un puente porque también lleva a abrir más lugares, espacios psíquicos, o para ser más claro, te abre la cabeza. Espacios psíquicos que abarcan un nosotros, lo nuestro, sin dejar de lado los lugares propios de cada uno. Todos sabemos que estas aperturas no están separadas, son funcionales, digo, lo más propio de uno y lo más compartido del nosotros se influyen mutuamente, produciendo un yo más amplio y flexible. Muchas veces, por ejemplo, en la familia o pareja se transmite lo vivido, lo dicho del nosotros, así como en el grupo se transporta lo vivido en otros aspectos, ámbitos de la vida. De esta forma, se construyen herramientas para seguir avanzando, conectándose más con uno mismo, pero siempre es con un cable que viene del otro. Herramientas que exceden la palabra, lo dicho, otro volante si se puede llamarlo así, otra manera de manejarse, ya no de una manera recta, rígida donde solo aparece lo blanco o lo negro, sino haciendo curvas, piruetas, apareciendo así otros matices, alternativas, como un pincel cuyos movimientos hacen aparecer otros paisajes, ya con la diversidad puesta en juego.
Hablando de influencias, conexiones y cambios, mi poca memoria “efecto de mi represión” (me dijo mi analista), hace no recordar estar en un closet sólido, porque siempre fui un puto sólido visible, creo que hasta mis traumas están visibles. Sí recuerdo de mi burbuja sostenida por miedos, fobias, prejuicios. Por suerte la burbuja no es densa, ustedes la pincharon y la siguen pinchando, así se desvanece, dando cuenta que no todos somos iguales, pero me parece que el puente, de distintas formas, lo pasamos todos. De los mitos, los miedos, las fobias, los rechazos, en el fondo hacia nosotros mismos, hacia otra mirada que blanquea, ilumina, sorprende. Pienso al grupo como un puente, que nos lleva de una punta a la otra, hacia esos otros espacios.

Ale, aparte de que en lo personal me ayuda en cantidades y calidades, pinchando burbujas extras, es el disparador de todo esto, conjugando el aprendizaje con el amor, regulando todo el circuito, la dinámica grupal. La sensación de cariño y de seguridad que irradia hace que se mantengan los códigos de respeto, sobre todo cuando quizá algo no nos guste del otro. Es desde allí que crecen las raíces como algo firme, donde el puente se amarra, se cristaliza para que uno tenga donde apoyarse y poder fluir yendo y viniendo. Desde allí crecen también las alas, que permiten que siempre surja algo nuevo, decisiones y opiniones, como lo único y auténtico de cada uno.

Quizá para mí, el punto más alto y difícil pero el más avanzado es cuestionarse, mirarse en el espejo, en lugar de hacer espejo en el otro. Atravesar esa otra mirada que no es la mía pero que me engancha, el afecto que me une desde otro lugar, recibiendo algo distinto pero no incompatible, es lo que más me moviliza. La gasolina de mi motor que me motiva a apostar por más y más.

Muchos cariños, Diego.



Fotografías de Alejandro Viedma, puentes de San Antonio de Areco.

La legitimidad y la igualdad para el matrimonio gay en la Argentina

POR ALEJANDRO VIEDMA Acerca del pasado, presente y futuro del matrimonio lésbico gay en la Argentina. Publicado en AGMagazine el 23-12-09.

El matrimonio gay lésbico produjo mucho ruido en nuestro país en este 2009. En tiempos de fiestas navideñas y recibimiento del nuevo año, deseo que las personas LGBT no se coman todas las nueces, que no se conformen con los avances obtenidos, sino que dichas nueces, dichos logros puedan verse sellados y fortalecidos en el 2010.
Entre debates, visibilidad en los medios de comunicación, posturas adversas, apoyos inesperados, oposiciones contradictorias, encuestas favorables, amparos judiciales, estrategias varias para lograr que las personas del mismo sexo se casen en Argentina, México llevó la delantera, se convirtió en vanguardia latinoamericana en este tema, en esta realidad.
Anoche me puse a pensar en cómo se llegó a todo esto, cómo estamos arribando a que se concreten estos sucesos, por lo cual busqué en mis archivos aquel hito español, cómo la madre patria conquistó este hecho tan importante, y es por ello que lo quería compartir con los lectores, para que no quede “cajoneada” una desgrabación de una actividad realizada unos tres años atrás.
Nunca dejemos que nos cajoneen nuestros proyectos, nuestros sueños, nuestros deseos…

El logro español, influyente en nuestro país
El 30 de junio de 2005, las Cortes Españolas aprobaron una nueva Ley de Matrimonio contemplando que “el matrimonio tendrá los mismos requisitos y efectos cuando ambos contrayentes sean del mismo o de diferente sexo” (extraído del texto completo de la Ley de Matrimonio Española).
El avance que representa esta ley en materia de Derecho para la sociedad española tuvo, tiene y tendrá una continuación “natural” en la región latinoamericana a causa de la herencia y los fuertes vínculos culturales y políticos que persisten.
Constituye una perspectiva alentadora para todos los ciudadanos defensores de la democracia, puesto que no es una ley exclusiva para un determinado grupo de personas, sino que demuestra un modelo novedoso de sociedad en el cual todos y todas nos vemos afectados/as.
Por esta razón, no se creó una ley especial para una “minoría” sexual, sino que se modificó precisamente la Ley de Matrimonio que regula la relación y convivencia de parejas que la Constitución establece como uno de los fundamentos del orden político y la paz social.
Transcribo otro extracto de la Ley de Matrimonio Española: “La convivencia como pareja entre personas del mismo sexo basada en la afectividad ha sido objeto de reconocimiento y aceptación social creciente, y ha superado arraigados prejuicios y estigmatizaciones. Se admite hoy sin dificultad que esta convivencia en pareja es un medio a través del cual se desarrolla la personalidad de un amplio número de personas, convivencia mediante la cual se prestan entre sí apoyo emocional y económico, sin más trascendencia que la que tiene lugar en una estricta relación privada, dada su, hasta ahora, falta de reconocimiento formal por el Derecho”.

Beatriz Gimeno, en discursos y hechos
Beatriz Gimeno, una de las principales activistas lesbianas españolas, especificó en una de sus pasadas visitas a la Argentina cómo se llegó a la aprobación del matrimonio para parejas gay y lésbicas en su país. A continuación citaré los pasajes más importantes de la disertación de Gimeno, en aquel momento presidenta de la FELGT (Federación Española de Lesbianas, Gays y Trans), en la charla sobre “Matrimonio entre personas del mismo sexo”, en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires (UBA) el 12 de setiembre de 2006:
- “Técnicamente, legislativamente hablando, fue muy sencillo lo de la ley: se cogió el código civil en sus artículos, en tres ítems. En la Ley de Matrimonio, en vez de hombre/mujer se puso cónyuges”.
- “¿Cómo lo logramos? Tuvimos una estrategia frente a los políticos y los medios de comunicación: unir a todo el movimiento LGBT. Cualquier movimiento social consigue más unido que desunido. La unidad permitió presentar una sola interlocución políticamente consensuada entre todos. Los políticos van a arrimarse a los grupos más afines a ellos, pero si hay un solo discurso, es lo que hay, entonces tendrán que hablar con ese. Lo unificador en el discurso no quiere decir que no tengamos diferencias o que no generemos la diversidad”.
- “Lo original fue que no basamos nuestro discurso en los derechos, que son fundamentales y mejoran la calidad de vida de la gente. Decíamos: los derechos van a venir solos, nos pertenecen por ciudadanía, son nuestros. Centrábamos nuestra discusión en la legitimidad, nosotros queremos eso y la igualdad; acceso al matrimonio porque somos iguales, porque con el matrimonio el Estado legitima una relación afectivo-sexual y un determinado contrato porque es una cuestión de derechos civiles, de derechos humanos”.
- “Lo revolucionario fue cambiar la mentalidad social, ya que España no era un país avanzado para estos temas. Hace veinte años ni estábamos en el proceso de la ley, ahora el 85 % de la gente está a favor. Conseguimos llevar el debate a la calle, sorprender a la gente. Todo el mundo hablaba de eso y no de otra cosa. El debate estaba en el centro de la sociedad; no somos diferentes, como somos exactamente iguales, faltaría más no tener los mismos derechos. Insistimos en que no somos seres que venimos de otros planetas. ´Nosotros somos vosotros´: somos vuestros hijos, hermanos, la América de sus hijos, el conductor del bus, no un grupo aislado, somos lo mismo. Y ese mensaje caló. Al final todo el mundo conoce a un gay o a una lesbiana”.
- “También sirvió como bandera para un nuevo modelo de sociedad. Salió un artículo en El País: ´Gays y lesbianas son los únicos que consiguieron sentar a las dos España (la conservadora y la progresista) en la misma mesa´. Finalmente la gente entendió que no se podía ser demócrata y estar en contra de los derechos de gays y lesbianas”.
- “Nos da orgullo y nos estremece el apoyo que estamos teniendo de gente que no es gay ni lesbiana, y que nunca imaginábamos. La gente sintió como propio una España progresiva y pionera”.


Al día siguiente, Beatriz Gimeno estuvo de invitada con su esposa en el programa de tv “Mañanas Informales”, y expresó:
- “No queríamos una Ley especial de Matrimonio para nosotros, sí modificarla para meternos allí”.
- “La palabra Matrimonio nos hace iguales, ya que lo somos”.
- “Esta ley ameritó quince años de lucha en España, ley más difícil que la de Adopción, ya que ya se podía adoptar como soltero o inseminarse las lesbianas”.
- “Antes de la ley, había un 65 % de apoyo, después un 80%”.
- “¿Ahora por dónde pasa la lucha? Por la educación contra la homofobia y que podamos implicarnos, visibilizarnos por encima de todo. La lucha pasa por cambiar la sociedad y no nuestras familias, ya que tenemos los mismos derechos”.
- “Con el argumento ´no adopten chicos porque van a sufrir en el colegio´, tampoco podrían tener hijos los negros, ya que hay racismo”.


Argentina, 2010
Considero que el camino recorrido por nuestros/as compañeros/as (extranjeros/as y compatriotas) militantes hizo y hace que en la actualidad haya novedades respecto a las conquistas obtenidas y proyectos jurídicos -nacionales y mundiales- a plasmarse.
Este momento nos encuentra a los argentinos enmarcados en una inminente aprobación de la ley de matrimonio para las parejas del mismo sexo, lo que también provocará, entre muchas cosas, un reacomodamiento del orden simbólico.
Ojalá ese discurso brillante de Gimeno pueda volverse real en nuestra tierra pronto, ya que, como también dijo Michael Foucault, refiriéndose a la legislación del matrimonio entre homosexuales, en una entrevista brindada a J. O´Higgins, allá por 1982: “(…) tenemos ahí toda una serie de cuestiones que conciernen a la inserción y al reconocimiento, en el interior del marco legal y social, de cierto número de relaciones entre los individuos que deben encontrar una respuesta”.


Fotos del día 29-10-09 en el anexo del Congreso Nacional Argentino, en donde las comisiones expusieron la Ley de Matrimonio para personas del mismo sexo.



Problemáticas de Género en Congreso de Salud Mental

Con presencia LGBT se llevó a cabo el VIII Congreso Internacional de Salud Mental y Derechos Humanos 2009, organizado por la Fundación Madres de Plaza de Mayo.

El pasado viernes 20 de noviembre, en el aula Mimi Langer (sede: carpas), tuvo lugar una Mesa Redonda de la Carrera Psicología Social/UPMPM que se llamó Problemáticas de Género y Trabajo Social.

Dicho título fue el puntapié inicial para que Alfredo Luciardo, moderador de la mesa, psicólogo social y docente, diera por comenzada la actividad.

Los disertantes fueron la lic. en Psicología Graciela Balestra, directora de Puerta Abierta a la diversidad, el lic. Alejandro Viedma, psicoanalista y coordinador de grupos, Aida, de la Asociación de mujeres argentinas por los derechos humanos (AMMAR capital) y Marlene Wayar, de Futuro Transgenérico y directora de “El Teje”, la primera revista latinoamericana de travestis y trans.

Balestra comentó, entre varios puntos más, cómo nació Puerta Abierta a la diversidad, cuál es el objetivo de lucha y trabajo que sostiene el equipo de terapeutas que trabajan en la institución y qué problemáticas más salientes enfrenta en la actualidad.

Por su parte Viedma se explayó sobre algunos aspectos de experiencias en la diversidad que está recibiendo en los últimos años, lo escuchado repetidas veces en el consultorio –pero sin dejar de tener en cuenta el caso por caso-, y las cuestiones de género que internalizan los varones gay que asisten semanalmente a los grupos de reflexión que coordina.

Casi finalizando el encuentro, tanto ambos profesionales de la salud mental como los demás expositores de la mesa, respondieron las preguntas formuladas por una concurrida e interesada platea.

Fotos: Silvina Tealdi.







¿Cómo es tener dos mamás o dos papás?

Por Melina Arceiz, Leandro Maccarone y Victoria Franco, estudiantes de tercer año de la carrera de Periodismo en ETER. 26/10/2009

FAMILIAS DIVERSAS EN EL SIGLO XXI

Mientras se empieza a discutir si parejas del mismo sexo pueden adoptar hijos, como se aprobó recientemente en Uruguay, en la Argentina se forman cada vez más "familias homoparentales", con padres del mismo género. Nota completa en: http://www.eter.com.ar/notap50.html

Rosario, de 22 años, se enteró hace diez de que su padre Alejandro iba a separarse de su madre. Acaso lo más fuerte no era esa decisión sino el motivo que lo llevó a tomarla: estaba enamorado de Luis, con quien actualmente comparte el mismo hogar. La experiencia de Rosario seguramente no fue fácil. Pero ahora, no duda en afirmar que tener dos padres del mismo sexo le resulta "indiferente": "Todos, seamos como seamos, con nuestras diferencias, tenemos derecho a ser felices y si tener un hijo ayuda a serlo, que así sea", dice.

Claudia no tiene dos papás del mismo sexo. En su caso, comparte la crianza de su hijo Iván (12) con Fernanda, su pareja. Ella tuvo a su nene con un hombre que no reconoció la paternidad. Un hombre al que, según dice ahora, ella de algún modo "usó" para concretar el proyecto que planeaba con su pareja mujer de aquel entonces. Ese origen, cuenta Claudia, no afecta al niño: "Lo toma con naturalidad, simplemente no se cría con padres heterosexuales", explica.

Estos dos casos, junto a muchos otros, conforman un cada vez más numeroso grupo de personas que se anima a formar familias muy alejadas de la idea tipo de padre, madre e hijos. Si en los 80 la vuelta de tuerca la daban los divorciados que unían a hijos propios y ajenos bajo un mismo techo, hoy son las parejas homosexuales las que empiezan a crear grupos familiares "distintos" o novedosos. Y mientras aguardan un respaldo legal que se demora, sus hijos crecen en el seno de "familias homoparentales". Tanto que la sociedad empieza a permitirse, al menos, hacerse la pregunta: "¿Es posible que un hijo sea criado por dos varones o dos mujeres?".

Lo que a algunos horroriza, a otros empieza a resultarles viable. En Uruguay, por caso, acaban de legalizar la adopción por parte de parejas homosexuales (ver recuadro "El paradigma de América latina"). En la Argentina, una persona puede adoptar a un hijo en forma individual. Y en teoría no se le suele consultar sobre su identidad sexual. Pero el psicólogo Alejandro Viedma, que arma grupos de reflexión para homosexuales, advierte que "siempre aparecen muchos obstáculos ligados a la homosexualidad, sumados a jueces homofóbicos cuya ideología incide en su dictamen".Uno de los temores que suele aparecer en torno a la idea de una familia con padres del mismo sexo, es cómo afectará a los hijos crecer sin las figuras de un padre y una madre. Y si esto influirá "perniciosamente" en su sexualidad y otras elecciones futuras. Desde algunos ámbitos del psicoanálisis, tienden a descartarlo. La idea central es que más allá del sexo biológico de los que crían, los roles de madre y padre se irán diferenciando de hecho. "Las funciones se construyen, no tienen que ver con un dato biológico -afirma Viedma-. No es súper necesario que haya un padre o una madre. Y, además, todos los estudios que se han hecho muestran que no hay diferencia significativa entre hijos de padres homosexuales y heterosexuales, en cuanto a lo emocional o la inteligencia".

Rosario, que vive desde hace años en lo de su padre, puede ratificarlo desde su propia experiencia. Cuenta que en la adolescencia, a partir de la pareja homosexual de su papá, tuvo ciertas dudas sobre su propia sexualidad. "Pero enseguida tuve claro que me gustaban los chicos. No fue tan complicado", resume. Y explica ciertas diferencias en su relación con uno y otro: "Con Luis me llevo re-bien, papá dice que es mejor la relación que tengo con su pareja que con él y creo que es verdad porque hablamos de cosas que con mi viejo no. Mi papá tiende a minimizar los problemas, Luis me ofrece soluciones. Me da consejos, y me ayuda a sobrellevar cualquier conflicto", agrega la joven, que aunque mantiene contacto con su mamá, tiene con ella una "relación difícil".

Desde el otro lado, su papá recuerda cómo fue dar la noticia de su homosexualidad: "Al principio resultó bastante duro, porque yo pensé que ella estaba preparada para enterarse y no fue así. Cuando le conté, no hubo ninguna reacción visible de enojo, no lloró, no me gritó, ni me trató mal. Simplemente se fue encerrando y explotando en otras cosas tontas, que a la larga fueron produciendo un distanciamiento más espiritual que físico", cuenta.

Las amigas y el novio de Rosario tienen una relación amable con su papá y Luis. Y la gente suele aceptar la homosexualidad de su padre. Pero Rosario admite que cuando conoce a alguien, se toma un tiempo antes de contarle que vive con su padre y el novio. Y en algunos casos, nunca llega a revelarlo. El miedo al rechazo tiene mucho que ver con esa precaución. La discriminación es, en efecto, una cuestión siempre presente en torno a las familias homoparentales.

Claudia asegura que a Iván nunca lo discriminaron por tener dos mamás, sino más bien por otras cuestiones. "Iván es retraído y callado, pero muy querido por todos sus compañeros. Es incapaz de mandar al frente a algún chico", grafica emocionada. Cuenta que su pareja, Fernanda, tiene una presencia muy fuerte en el ámbito escolar, aunque allí no blanquean abiertamente que viven juntas porque, según dice, saben que en algunas escuelas "cuando los padres de los nenes se enteraron de que un compañero tenía padres homosexuales lo rechazaron y no lo invitaron más a sus casas". Iván, claro, estudia en un colegio laico, donde más allá de la situación familiar del nene, a su madre nunca le preguntaron por su condición sexual.

Para los especialistas, la discriminación a familias homoparentales, o a los homosexuales en general, no tiene mayores diferencias que las demás. Alicia Neer, integrante de Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), lo explica: "Los hijos de padres homosexuales podrían ser discriminados, es cierto. Pero la discriminación está presente en toda la sociedad. Y depende más del ámbito que de la condición de la persona. Les pasa a los negros entre los blancos, a los judíos entre cristianos y otras religiones, a los pobres en el medio de los ricos, y también a los ricos en el medio de los pobres".

Aceptados o no, estos nuevos grupos familiares empiezan a convivir con la sociedad de forma cada vez menos velada. Con el tiempo, acaso, las familias homoparentales logren lo que ya lograron las de padres separados: que a nadie se le ocurra cuestionarlas.


El paradigma de América latina

Uruguay es el primer país de Latinoamérica en legalizar la adopción de niños por parejas homosexuales. Se acaba de aprobar en el parlamento oriental por 40 votos a favor y 13 en contra. Este hecho se suma a lo ocurrido en 2008, cuando se legalizó la unión civil entre parejas homosexuales o más recientemente, en mayo, cuando el presidente Tabaré Vázquez firmó un decreto que derogó la normativa que impedía el ingreso de gays a las Fuerzas Armadas.Pero lejos de acabar en esto, las medidas de reconocimiento que llevó a cabo Vázquez no terminaron ahí. El gobierno fue por más. El Senado, en el que cuenta con mayoría su partido, el Frente Amplio, aprobó en diciembre un proyecto de ley que habilita el cambio de nombre y de sexo desde los 12 años de edad.A pesar de los cuestionamientos que hizo la Iglesia Católica uruguaya, todas las personas, independientemente de su condición sexual, pueden tener hijos sin sufrir los mismos condicionamientos por los que deben pasar todos los gays de Latinoamérica a la hora de conformar una familia.
Leandro Maccarone